26 mar 2014

Entonces ahora comemos lechuguita (O sobre la ira incontrolable que me despierta la vida Sportlife)

Recuerdo con nostalgia aquella época maravillosa en que las cosas daban un poquito más lo mismo y nada era tan tremendo. Los niños jugábamos Nintendo y tomábamos café, comíamos chispop y ramitas, y en las casas siempre-siempre-siempre había negritas o algo así. Era la época dorada en que en los cumpleaños había bebidas de distintos colores y uno las mezclaba con la misma seriedad y precisión que un químico mezcla compuestos raros en sus tubos de ensayos, deseando secretamente que el menjunje haga explosión. Las mamás no se veían forzadas a inventarte que las manzanas son mucho más ricas que los helados, porque se sentían tan culpables con salir a trabajar que ni se daban cuenta qué estaban comiendo sus hijos. A nivel del país, las autoridades de salud se preocupaban de temas que ya ni me acuerdo, y no había un ministro fui barrigón-pero-ahora-que-ando-esbelto-seré-el-grinch-de-la-diversión-de-todos (maldito amargado-cuenta-calorías). Los gimnasios eran una cosas muy rara y la ropa deportiva estaba reservada para deportistas (el resto nos dábamos cuenta que, en verdad, es horrible).

 Me acuerdo que mi abuela fumaba, y fumaba harto, y los nietos nos teníamos que aguantar o irnos a jugar a otro lado, porque la abuela era la abuela y nica iba a dejar de fumar en el sillón más cómodo del living. Porque antes se fumaba adentro. Antes se fumaba en las oficinas. Antes se fumaba.

Y dicho de una vez: odio la vida sana. No porque sea tan idiota de defender que era mucho más sexy andar con olor a cenicero, sino porque se ha convertido en un imperativo moral de primera línea, y todos los precursores de la vida sana andan como nazis-fiscalizadores-voy-con-mi-garrote-a-matar-infieles-mírenme-soy-como-Gandhi. Entonces ahora todos los tontones andamos comprando súper alimentos (que cuestan un ojo-del-cráneo-qué-onda-la-chía-casi-se-me-cayó-el-pelo-cuando-vi-el-precio) y recitando como los bobos que los carbohidratos no se mezclan con las proteínas, salvo cuando hay luna llena, la bolsa está subiendo y la Bachelet anda vestida de verde.



Lo intentaron, pero nadie iría a ver "Charly y la Fábrica de Arrocitas"


Porque sí, yo también he ido sucumbiendo a la súper-vida-sana-para-nada-es-una-moda-para-secretamente-vernos-más-lindos. Fue de a poco, casi sin darme cuenta y de repente ya estaba enredada en las garras de la insípida y aburrida salubridad.

Antes, en los tiempos hermosos en que los conejos corrían alegres por las verdes y soleadas praderas de la felicidad, yo fumaba y era un placer irresistible y bailaba como el hada mágica color lila que habita entre unicornios cantando un vals en do mayor con una voz hermosa y para nada echa bolsa por el humo. Pero un día, imbuida por las tinieblas de la conciencia y mal aconsejada por el cansancio luego de subir escaleras, decidí que ya estaba bueno. Entonces regalé mi encendedor regalón y la caja de cigarros que tenía en la cartera (y la que tenía de repuesto en el velador (y la que tenía escondida por si acaso)) y dije "no puede ser tan difícil".

Grave, gravísimo error. Porque yo pensaba que si la gente común y corriente lograba dejar de fumar, considerando que el promedio de la gente es bastante pelafustana con vocación a hacerse la tonta, entonces yo también podría. Pensaba, inocente y estúpida criatura, que mi determinación me llevaría a puerto y que podría distraerme con otras cosas. E incluso creía que si aumentaba un discreto par de kilos tampoco sería tan terrible. El punto es que en la ecuación no consideré que tengo la fuerza de voluntad de una alcachofa y las cosas se pusieron feas. Porque, sí, logré dejar de fumar, pero juro que vi elefantes verdes en el proceso. No sólo porque me haya tenido que dar cabezazos contra la pared (de verdad me los di... me di varios... muchos... me salió un chichón), sino porque nunca en mi vida había hecho algo tan increíblemente difícil como dejar de fumar. Después de esto cualquier cosa es sencilla. ¿Un parto? Pamplinas de mujeres alaracas. ¿Cruzar nadando el Océano Pacífico? Pásenme las gualetas. ¿Descubrir la cura del Sida? Más fácil que hacer un sudoku.

Y empecé a comerme las uñas (pésimo para la digestión). Y mis brazos colgaron con la gracia de un orangután. Y cambié el cigarro por las pastillas de menta, los dulces de frutilla, los chocolatines, los snickers, los helados, los chacareros con mayonesa, y una larga e indecorosa lista de etcéteras. Y me convertí en la copia fiel de Tremebunda (pero sin bigotes; dignidad ante todo). Y de repente había el doble de mí para amar. Y todavía miro mi ropa de flaca-neurótica-tengo-un-cigarro-en-la-mano-y-otro-en-el-cenicero y lloro un poquito recordando mis días de pitufina.

Cuando lo cuento, la gente me dice con tono rosado y súper maduro "oh, pero que bueno que ya no fumes, mucho más sano", y nadie se da cuenta que en el mismo momento en que lo dicen yo me imagino lo delicioso que sería sacar mi lanzallamas de la cartera, matarlos a todos, quemar el lugar y darme a la fuga con un suave, aterciopelado y encantador cigarro en mi boca.

(Definitivamente era más feliz y equilibrada antes)
 
 
 
Cuánto te extraño, amor mío
 
(Un minuto de silencio por la felicidad perdida)

 
 
 
 
 
 
 
Eso fue lo primero. Después vino el deporte. Siempre he sido una convencida, aunque nunca bien comprendida, defensora de la filosofía de que el deporte mata... piénsenlo.
 
A Marko nunca le hubiese pasado esto de haber estado en su casa viendo Los Soprano y comiendo cabritas
 
 
Yo era de las que en el colegio nunca hice gimnasia. Al principio inventaba que me sentía mal, después le explicaba a mi encantadora madre las mil y un razones de por qué sería contraproducente que yo transpirara-en-el-colegio-mamá-piénsalo-después-voy-a-andar-con-la-ropa-mojada-me-voy-a-enfermar-tanto-que-terminaré-con-tuberculosis-y-mamá-la-gente-se-muere-de-tuberculosis-y-si-pasa-eso-tú-no-tendrás-nietos-y-serás-miserable-de-por-vida-llorarás-mucho-te-verás-fea-y-te-saldrán-arrugas (la última parte era lo más convincente de todo). Después me cansé de tanto trabajo y ya ni siquiera tenía equipo de gimnasia, tanto así que nunca supe quién hacía esa clase en IV°. Como sea, siempre fui de esa filosofía y creía que nunca nada en el mundo me iba a hacer renegar de ella.
 
Hasta el año pasado. Contagiada de la brutal cantidad de endorfina que hay en el aire -ahora todos salen a trotar, ¿qué pasa en el mundo?- y con un poquito de cargo de conciencia porque hasta mis amigas más bostas (ustedes saben quiénes son, si lo niegan publicaré sus nombres) ya estaban moviendo las presas, decidí que era el momento de desempolvar la bicicleta y lanzarme a la vida. Eso sí, elaboré un estricto código ético para no perder la elegancia:
 
  1. Nunca usar ropa deportiva indecorosamente apretada, ni menos horrendas zapatillas, sólo taco alto sino me veo muy pigmea.
  2. Disimular la transpiración, nada más horrendo que la gente que anda por ahí toda roja y haciendo gala de eso.
  3. Siempre ir con mi collarcito de perlas. Siempre.
  4. Nunca poner cara de esto-es-tan-difícil-pero-vale-la-pena, sino que siempre andar no-me-había-dado-cuenta-que-es-subida.
  5. Nunca ponerme casco, nada más horrendo que ser vista en la vía pública como el hongo de Mario Bross, ni espantoso que quedar con el pelo aplastado todo el día.
  6. Nunca usar la bici con fines deportivos, sino que estrictamente como transporte.



Mi súper objetiva idea de cómo me veo en la bici


A lo que aún no he sucumbido es a comer arrocitas con felicidad y a adorar la alimentación verde. De hecho, sigo pensando que el mejor superpoder es comer sin consecuencias y que Dios tenía toda la razón de enojarse con Eva por andar comiendo manzanas. ¿De verdad Eva? Había de todo en el paraíso ¿y a ti te dio antojo de manzana? ¡Merecido lo tenía la humanidad!
 
 

 

25 mar 2014

Mujeres (O sobre algunos aportes a la guerra de los sexos)

Hace un tiempo atrás, tomando cerveza con un grupo de amigos y sus respectivas pololas-señoras-amigas-con-ventaja-pinches-peor-es-nada-que-sí-que-no-tenemos-una-relación-complicada-estamos-viendo (es un grupo más o menos grande), me sorprendió ver que las mujeres han ido ganando la guerra de los sexos en la privacidad del hogars -aunque también podría ser que mis amigos sean unos macabeos... tendré que pensarlo-. Como sea, todos y cada uno, defendían como si se tratara del dominio del control remoto, que los hombres son unos gusanos-miserables-trogloditas-violentos-puercos-capaces-de-andar-todo-el-día-en-calzoncillos-sin-lavarse-nunca-los-dientes y que el mundo es mucho mejor gracias a las mujeres-ay-que-lindas-son-quiero-cantar-canciones-de-Arjona.

El punto es que de repente me pillé pensando en toda mi vida rodeada de mujeres, no sólo por haber estado en un colegio de señoritas, sino también porque después se me ocurrió estudiar una carrera más dada a las emociones y al amors, donde hasta los hombres empiezan a secretar estrógeno en cantidades industriales, y no pude más que pensar que mis amigos no están viendo una parte del asunto. Porque la mujer no es esa especie de amazona-súper-chora-cálida-y-amorosa-decidida-y-ultra-bacán que ellos empezaron a describir, obviamente influidos por el blablá circundante y el beneplácito de los psicólogos-cariñosos-es-súper-rico-ponerse-en-contacto-con-los-sentimientos-me-siento-orgulloso-de-mis-lágrimas.

La mujer podrá un ser tan maravilloso como cualquier ser humano, pero también es un animal salvaje, del terror y poco civilizado. No se trata de degradar el género, por su lado los hombres son bastante bestias, pero tampoco es permisible que sea ensalzado con frases rosadas de tarjeta siútica y cadena de mail horripilante. Cada vez que veo descritas las bondades de las mujeres me dan unas ganas incontrolables y profundas de vomitar hasta las tripas y de ir a buscar mi fusil, porque la verdad de las cosas es que la mujer ultra seca en todo y para nada ridícula es un invento del marketing para vendernos cosas. Con más o menos matices, todas tenemos mil cosas detestables que podrían irritar a cualquier cristiano y francamente sorprende que haya masoquistas que quieran pasar su vida con nosotras... (mi propio masoquista opina lo mismo).

¿Que las mujeres andan en su club de Lulú y que cuchichean entre ellas felices de la vida? Mito. Hombres, sépanlo de una vez, la llamada solidaridad de género no existe. Las mujeres siempre tendrán una relación de amor odio con todo ser femenino que se cruce por delante, sin importar su especie. No hay ser más envidioso-te-odio-maldita-tienes-un-pololo-marido-lo-que-sea-que-te-regala-flores-mientras-que-el-mío-apenas-se-acuerda-cómo-me-llamo. Ni más chaquetero-sí-es-seca-pero-pobre-tiene-a-los-niños-botados-parece-que-el-marido-es-medio-colita-y-no-me-consta-pero-dicen-que-el-jefe-la-hace-turumba. Ni más malvado-te-juro-que-no-era-mi-intención-contarle-a-tu-marido-que-sobregiraste-la-tarjeta-de-crédito-amiga-se-me-salió-tú-sabes-lo-volada-que-soy. Ni tan venenoso-cualquiera-estaría-así-de-regia-si-se-está-emparejada-con-un-cirujano-plástico-te-apuesto-que-igual-tiene-celulitis. Toda mujer más o menos promedio sería capaz de vender a sus amigas por un paquete de cabritas... Y sí, señores, Judas era mina.



Lo dice Lady Gaga, no yo


No hay opinión más lapidaria ni juicio más mordaz que los que la pérfida cabecita de una mujer es capaz de idear. No por nada los opinólogos malvados son mujeres, mientras que los hombres que se ven en los programas de farándula son unos pobres corderitos aterrados ante la maldad de sus compañeritas.  ¿Dulzura? Sí claro, la Argandoña da diabetes.

Lo cierto es que, en esta especie, las cosas están al revés y son las mujeres las que tienen las plumas. El hombre anda por ahí creyéndose el súper-don-Juan-semental-y-mero-macho, cuando la verdad de las cosas es que son las mujeres las más interesadas en todo lo relativo al matrimonio y la procreación -¿o alguien ha visto alguna vez a un hombre con el anillo de compromiso en el bolsillo, aparte del patético y para nada masculino Ted Mosby?-. Es curioso que los ejércitos del mundo aún no se hayan dado cuenta que el arma más peligrosa, mortífera e implacable es una mujer que siente que se le fue el tren (la segunda es una mujer a la que se le acaba de decir gorda... no lo intenten en casa). Y la mujer siente esa competencia y sabe que incluso su mejor amiga es una potencial amenaza y podría empezar a mirar con buenos ojos a Periquito, el insulso jovenzuelo que encabezaba la lista prefiero-el-celibato-la-calvicie-encontrarme-un-dinosaurio-en-mi-baño-antes-de-meterme-con-ese-gallo pero que empezó a tener un no sé qué en el justo momento en que posó sus ojos en ti. Por eso, y por un asunto irracional e inexplicable, todas las mujeres se ven en la imperiosa necesidad de destruir a su competencia. Es la ley de la selva. Pero la mujer es elegante y no va a andar agarrándose a los combos como los brutos, no, va a hacer algo peor: se va a acercar a su competencia y va a ser su amiga y cuando esté cerca, zaz, va a destruir cualquier germen de amor propio, de seguridad, la va a llenar de dudas con frases pseudo amables del tipo siempre-he-pensado-que-te-quedaría-MUCHO-MEJOR-tu-pelo-de-otro-color (la traducción es obvia).



Pongo mis manos al fuego que es cierto



No lo sabré yo, porque si las mujeres tenemos por definición ultra desarrollado el gen malvado, el mío viene con esa súper especial recarga, cortesía de la herencia familiar. Juro por tío Freud que no hay nada más malvado-simpático-a-veces-más-malvado-que-simpático que mi madre y sus hermanas, proclamadoras y defensoras de la nunca bienvenida frase: cinco segundos en la boca y cinco años en las caderas. Piénsalo.



Momento elegido para lanzar la frasecita... las odio


Es que es en la familia donde empieza todo. Siempre está la hermana linda favorita y la hermana fea inteligente y especial. Están también las madres locas-locas (muchas... varias... casi todas... ya habrá una columna al respecto) y las suegras nefastas-no-me-importa-que-seas-tan-buena-como-la-madre-Teresa-de-Calcuta-ni-tan-inteligente-como-Stephen-Hawking-ni-tan-estupenda-como-Gisele-Bundchen-ni-tan-bien-portada-como-la-Virgen-María-igual-eres-muy-poquita-cosa-para-el-santo-y-para-nada-holgazán-de-mi-hijo.

Y mientras los hombres son directos, las mujeres tenemos vocación a lo culebroso-mira-sí-pero-no-tanto-a-veces-siempre-puede-ser-pero-piénsalo-de-otro-modo-porque-mira-si-no-me-encuentras-la-razón-ahora-voy-a-seguir-hablando-harto-rato-hasta-que-estés-muy-confundido-o-te-exploten-los-sesos-porque-tú-sabes-que-puedo-seguir-hablando-y-hablando-tú-decides. Porque la mujer es un ser que siempre siempre siempre tiene la razón. ¿Que dos más dos es tres? Obvio. ¿Que hace frío y tienes que usar chaleco? Evidente. ¿Que el marido es un bestia insensible sin corazón y que si no la pesca no tiene nada que ver con que ella se haya convertido en una bruja? Por supuesto que sí. ¿Que en la oficina el jefe se anduvo pasando un poquito e hirió mis sentimientos qué importa que tenga razón lo importante es que me habló un poco golpeadito? ¡Daah!

La verdad es que las mujeres, como género, no son santas de mi devoción. Estoy convencida que no hay nada tan manipulador-mi-amor-me-encanta-que-salgas-con-tus-amigos-de-veras-que-sí-dale-no-más-yo-me-quedo-solita-después-del-día-espantoso-que-tuve-en-la-oficina. Ni tan cara-dura-pero-que-neurótica-anda-la-gente-me-estacioné-apenas-un-ratito-en-el-único-lugar-para-discapacitados-de-la-comuna-qué-le-hago-si-no-habían-más. De hecho, soy una convencida que los gays tienen toda la razón del mundo y si en Chile no se aprueba el matrimonio homosexual es porque los parlamentarios están celosos del descubrimiento de sus congéneres.

Y de nuevo, iba a hablar de zapatos y fui cambiando el tema hasta que quedó irreconocible... Y así queda probado el punto, no se puede confiar en una mujer, ni siquiera si es una misma.


 

20 mar 2014

Torturas escolares (O sobre cómo sobreviví al padecimiento de la misa)

Cuando lo cuento nadie me cree a la primera. Y cuando juro y rejuro que es verdad, sin que se me mueva un pelo y sin reírme ni un poquito -prueba infalible de que estoy mintiendo-, la gente me mira con cara de esta-mina-es-más-rara-que-estampida-de-unicornios. Lo cierto es que fui crecida y criada por ese sector ultra conservador religioso que a todo el mundo le parece raro, menos a ellos. Digamos que estuve en uno de esos colegios con nombre de cerro-árbol-o-cualquier-cosa-ligada-a-la-naturaleza-pero-no-somos-esos-cochinos-hippies y que para poder entrar piden carta de recomendación del Papa, del Presidente de Estados Unidos y de Pinochet. En uno de esos colegios con fundador tan ultra santo que todos hablan sobre él con ojos en blanco-al-borde-del-orgasmo-no-importa-si-eres-hombre-y-te-gusta-el-fundador-porque-es-tan-santo-que-nunca-sería-algo-gay.
 
Y a todos les parece tan raro-terrible-qué-diablos-te-hicieron, que cuando lo cuento se sorprenden, me hablan con un poquito de compasión y me preguntan si duele. Casi casi como si hubiese crecido en Villa Baviera.
 
Si bien tengo que confesar que todavía me quedan vestigios de los horrores padecidos, como por ejemplo que a veces me sorprende que la gente lo encuentre TAN raro, con el paso de los años me he ido dando cuenta de cosas que en verdad eran terroríficas. Y como parece que me gustan los recuentos, acá van algunas:
 

 
El purgatorio
 
Cuando era una adorable niñita de 5 años y estaba en kinder, había una señora de la época de los dinosaurios que de repente iba a enseñarnos algo de inglés. Algo, porque en mi colegio apenas se enseñaban cosas tan irrelevantes como inglés, filosofía o física, y menos se leían las cosas comunistas de Neruda o la Isabel Allende, ni las cochinadas de Vargas Llosa o García Márquez. Como sea, cuando era una encantadora niña pequeña de rodillas peladas y corte de pelo de pelela, iba esta señora gruñona y octogenaria, que se suponía que debíamos querer como si fuera un abuelita de cachetes rosados, pero que en verdad nos daba terror porque era malvada y porque sus várices tenían vida propia. El punto es que esta viejuja era medio miscelánea y no sólo nos hablaba en inglés y nos retaba cuando los dibujos nos quedaban feos (juro por mis zapatos nuevos que es cierto, de hecho, una vez nos tuvo mucho rato retándonos porque había que pintar un chancho y algunas nos pusimos creativas y lo pintamos con colores tan escandalosos como morado, amarillo o verde), sino que también hablaba de Dios y del infierno.

La verdad es que a mí el infierno nunca me dio mucho susto, porque me miraba a mí y a mis compañeritas y las veía tan bien portadas e inocentes que pensaba que nunca ninguna de nosotras haría algo tan atroz como para que te castiguen para toda la eternidad con fuego y ropa andrajosa (muchos años más tarde descubrí que la maldad es más elegante y sutil, pero ese ya es otro cuento). Entonces estaba segurita que me iba a ir al cielo y que Dios me iba a recibir contento y que iba a jugar al cachipún con mi ángel de la guarda, porque yo era una niña buena.

Hasta que llegó ella, la viejuja, con sus lunares peludos y su bastón-arma-mortal. Y nos contó del purgatorio. Porque no había sólo cielo e infierno, sino que Dios había sido tan ingenioso y precavido que se le había ocurrido que sólo quería ser amigo de los buenos-buenos y que el resto podía comerse un moco. Entonces, si cometías cualquier pecadillo venial-mini-pequeño; llámese no obedecer, ser poco señorita, engordar mucho o, en el caso de los adultos, pagar el sueldo mínimo, quedabas fuera del club de los amigos de Dios y anda olvidándote de saltar entre nubes y cantar como los angelitos. Y ahí se me acabó la fiesta: a ése sí que sí me iba a ir seguro, porque desde chiquitita que ya se me notaba lo Anna O.

Lo que nos dijo fue lo siguiente. Resulta que Dios no es el abuelo súper buena onda que manda a su lacayo Viejo Pascuero a darle regalos a los niños, sino que más bien es algo así como un súper ultra contador medio rencoroso que deja registro de TODO. Entonces, todo lo que uno hiciera y, no contento con eso, todo lo que uno pensara en la Tierra, queda registrado en un gran libraco de esos de contador antiguo. Así cuando uno se moría, sólo podía entrar al cielo si el libro estaba blanco albo impecable, porque eso acreditaría que eres bueno bueno. Si tenías cosas escritas con lápiz a pasta -es decir, si alguna vez en tu vida tuviste la mala ocurrencia de cometer un pecado mortal, de esos que te matan el alma y hacen que te pongas gris y seas muy malo, no hay pero que valga porque sí o sí te vas a pasar el resto de la eternidad con diablitos con cuernos y cola, sin ver nunca más a tus papás -cosa muy importante para una niñita de 5 años- ni a ninguno de los que te quiere. En cambio, si tu libro está lleno de frases en lápiz a mina, las cosas no son tan reversibles y se pueden arreglar. Para eso el bueno de San Pedro te pasaba una gomita de borrar, de esas que están pegadas atrás del lápiz a mina, y que por lo demás borran como la mona, para que limpies tu horrendo libraco acusador. Y eso se hacía en el purgatorio... Ah, si se te acababa la goma, sonaste.

¿Moraleja? Portarse bien y hacerle caso a la mamá, no desobedecer ni hacer preguntas raras, para así no tener que pasarse tanto tiempo borrando.

Ahora bien ¿quién diablos puede tener tan poco corazón y sensatez para meterle tanto susto a niñitas encantadoras e inocentes? Huelga decir que desde entonces tengo una extraña obsesión por las gomas de borrar, las que junto ordenaditas en cajas de zapatos (por eso compro tantos) y grito como condenada si alguien osa tocarlas, mirarlas, olerlas.

Algo así recuerdo a la viejuja en mi infancia

El chicle

En mi colegio era común que las clases de religión las hiciese cualquier persona supuestamente-buena-porque-va-a-misa-todos-los-días-y-es-súper-piadosa-pasa-todos-los-recreos-arrodillada-y-con-ojos-embobados-o-cara-de-sufrimiento. Y como el filtro era reguleque, pasaban cosas insólitas.

Había una profesora que juro que el SENAME le debería haber echado una mirada, porque tenía tanto amor por los niños y talento pedagógico, como Osama Bin Laden tenía instintos pacifistas. Y la verdad es que también hubiese sido bueno si de vez en cuando le hubiesen metido los dedos al enchufe y puesto una coqueta camisa de esas que las mangas se amarran por detrás de la espalda. Yo le tenía susto. Mucho susto. Creo que nunca le hablé. Me hizo clases desde primero a cuarto básico y durante esos cuatro años tenía la costumbre de que si pillaba a alguien comiendo chicle, se lo sacaba con sus manotas de la boca y se lo pegaba en el pelo. Ya es asqueroso que una desconocida-no-dentista te meta sus dedos en la boca. Y ya es malvado que te lo pegue y te obligue a quedarte con él hasta que le dé la gana. Lo realmente perturbador era el infinito-placer-esto-es-como-un-orgasmo-porque-se-me-olvidó-decirles-que-la-bestia-en-cuestión-era-célibe que ella sentía cuando manoseaba el chicle y lo enredaba en el pelo de su víctima a la altura de la nuca. Porque, claro, parte de la gracia era que uno tuviera que tomar tijeras después y adquirir un hermoso corte de pelela.



Algo así era su cara de placer, pero sin lo tierno


Años después le perdí la pista y no supe qué fue de ella. Sea como sea, le deseo que tenga una linda vida llena de caca de paloma.

 
 
El billings

Según mi colegio si hacías cosas tan horrendas como ocupar bikini o usar la pollera muy corta, le ibas a terminar cayendo mal a Dios y serías una mujer libertina-pécora-descarriada-nadie-te-va-a-tomar-en-serio-porque-tu-cuerpo-es-muy-santo-y-no-hay-que-mostrarlo-por-ahí-tápate-cochina. Pero si usabas anticonceptivos segurito te ibas al infierno -porque todos sabemos que es mucho más grave tomarte una pastillita que tener millones de utilidades a base de pagar sueldos bajos-.

Pero mis profesoras tampoco eran tontas y sabían que la alternativa de pasarse entre los 20 y los 45 pariendo como conejo no era una opción muy atractiva. Entonces hablaban de la solución intermedia: el siempre asqueroso método de billings -¿a qué clase de pervertido cochinón se le puede ocurrir esto?-. Sin entrar en profundidades, guácala, se trata de un modo en que se evita hacer cositas los días en que es más probable que llegue un nuevo regalón. Método súper ultra efectivo, que sólo falla en un 25% si lo haces del modo "típico" (en algún lado lo leí). Y te machacan años de años, no muchos porque cuando chicas nunca-jamás-Señor-mío te hablan de sexo, que el único modo de tirar con Dios al medio es estando abierto a la vida. Y por consiguiente, el billing es la única forma de hacer el trío celestial sin que tu familia parezca equipo de fútbol.

Yo logro entender que a algunas mujeres les parezca que esto es fantástico, de veras, y que sea súper-lindo-estar-en-comunidad-con-Dios-porque-pucha-que-es-rico-es-como-ser-compinche-de-Jesús, pero francamente ¡¿qué diablos les pasa a sus maridos?!

Confieso que empatizo con ellos. De veras. Porque mientras ellas se dedican a mirar cunitas y van a tecitos y tienen una vida rosada de mujer de gerente de banco; ellos ¡tienen que ser el gerente de banco y pagar todo eso! Entonces están dale que dale trabajando en una pega que secretamente odian, con un jefe al que abiertamente odian, para que ella pueda mirar la casa de 4 piezas y jardín que gordo-además-queda-al-lado-de-la-mamá, y para que vaya metiendo a la prole al colegio que cobra-400-lucas-de-arancel-pero-piensa-gordo-no-seas-egoísta-lo-lindo-que-van-a-ser-los-amiguitos-del-guatón. Porque mientras ella dice que hace todo por sus hijos; él en verdad hace todo por sus hijos. Y así él se aguanta una jornada laboral de 10 horas con el pelmazo de su jefe -que a propósito, también se aguanta 10 horas con el pelmazo de su jefe-, lo que suma alrededor de 200 horas mensuales de infame manduqueo. Si a eso se suman dos horas diarias de tacos, queda que la mitad de su vida hábil la dedica a sostener la vida del resto. Pero este pobre hombre tiene que dormir, supongamos 7 horas diarias. Lo que da que un 70,6% de su día hábil este pobre hombre lo pase trabajando como burro.

Pero su mujercita practica billings. Entonces llega él y quiere estar un ratito con ella-mi-amor-y-si-cierras-la-puerta-para-que-los-niños-no-entren. Es-que-gordo-hoy-día-no-se-puede-porque-acuérdate-que-billings-y-Dios. Y nada que hacer, es que es billings y Dios... ¡¿QUÉ?! ¡¿Cómo recontratuétanos aguanta eso?!
 
 
 
Bonus track: la misa
 
Debo confesar que para mí la misa siempre fue y, las veces que tengo que ir a una, sigue siendo la mayor de las torturas inventadas por la humanidad. En el colegio nos decían que Jesús murió en la cruz, lo azotaron y le pusieron una corona de espinas POR TI y tú -malvada-ingrata-gusana- no eres capaz de dar apenas una hora a la semana... (insertar cara de pena y decepción y chorreos de culpa me-quiero-morir-cómanme-los-gusanos). Sí, claro, apenas una hora, pero por lejos la hora más larga de la semana. Esto no puede ser más que la venganza de Dios. ¡Y más encima un domingo en la mañana!

¡Qué torturidad, qué aburrición más espantosa! Juro que cada vez que el cura abre la boca siento que envejezco 60 años y que la sangre me corre más lento y que me voy encogiendo y convirtiendo en polvito.

Y juro que no me puedo quedar quieta, entones empiezo a mirar a todo el mundo y a moverme de un lado para otro, pero sin que se note que estoy tan aburrida los-adultos-no-se-aburren-tanto-mátenme-cuándo-se-acaba-esto-por-qué-diantres-el-reloj-corre-para-el-otro-lado-esto-es-una-agonía.


Yo en misa mientras trato de verme cool no estoy para nada desesperada acá

 
 
 
No me cabe duda que en mi pobre cabecita reprimida -porque en estos colegios uno aprende que la represión sí funciona- quedan miles de miles de historias que mi adorable psicoanalista aún no ha desempolvado, sapos y culebras que van a dejar salpicado su diván de cochinada. Pobre.


 

18 mar 2014

De utilidad pública (O sobre cómo sobrevivir a una entrevista laboral)

Iba a escribir una columna frívola y encantadora (está en edición) sobre temas dignos de conversación entre Julita Astaburuaga y Mary Rose Mc-Gill -debo confesar mi absoluta adoración y placer culpable por esta señora, no puedo evitarlo, soy una mala persona-, pero me dio algo así como culpita y preferí hacer algo de utilidad pública y súper trascendencia, porque obvio que es demasiado relevante lo que escribo por acá. En fin. El tema  de esta vez, como ya lo dice el título, señor lector despistado, son las entrevistas laborales y cómo sobrevivir a ellas, porque digámoslo, son una tortura. 
 
Y para que las cosas sean más sencillas, se me ocurrió que lo mejor es ir respondiendo todas esas preguntas frecuentes que en ningún caso aparecen en las páginas de las consultoras de recursos humanos que hacen selección y que ningún coach-me-gusta-sentir-que-estoy-haciendo-una-pega-importante va a revelar jamás, aunque su trabajo sea tranquilizar y asesorar al pobre diablo que va pidiéndole ayuda. Como sea, acá va todo lo usted siempre se preguntó sobre las entrevistas laborales y nunca nadie tuvo la amabilidad de responder (si se pregunta por qué, vaya al post anterior e instrúyase sobre los normópatas... de nada).
 
 
 
1. ¿Por qué un psicólogo, que es sólo un psicólogo que sabe de psicología y no de cómo se hacen las cosas en las otras profesiones, tiene que dar el visto bueno?
 
Porque los psicólogos se creen sabios... Fin de la respuesta.
 
 
 
 
Garantizado al sacar el título universitario
 
 
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Está bien, porque se creen sabios y son tan astutos que en los últimos 60 años han convencido a todo el mundo que saben algo de algo y que son súper útiles para la humanidad... De veras, es como cuando en las películas hay un consejo de sabios que deciden el destino de los protagonistas. Esto es lo mismo, pero sin las capuchas misteriosas. 
 
Lo que pasa es que los psicólogos-normópatas-psicodiagnosticadores creen que las personas son algo así como un electrodoméstico: si leo el manual voy a saber para qué sirve y cómo funciona mejor. Y que toda persona -obvio- tiene su manual. Es decir, según los brillantes psicólogos, si tú te enojas con ellos no es porque te hayan dado buenos motivos, sino que porque tú funcionas así para siempre y por los siglos de los siglos. Amén. 
 
Y ni se te ocurra, bobo, preguntarle directamente al cristiano en cuestión. NO. Porque lo que el psicólogo quiere saber es inconsciente. Así, el psicólogo, que es el único dotado para ver qué-es-lo-que-pasa-en-verdad-porque-todos-los-demás-viven-en-las-tinieblas-del-error, no importa que sepa un comino sobre cómo se hace un escrito, que no entienda de asuntos mineros, física termonuclear o los vaivenes de la bolsa, que en su vida haya visto qué es un balance y que no tenga idea sobre la pega que tendrá que realizar el cristiano en cuestión, en qué lugar habrá de hacerla y en qué condiciones; sabrá si tal o cual Fulano es apto para el cargo A, B o C. Porque según el psicólogo no basta con que la persona tenga experiencia y sepa lo que hace. No, para el psicólogo las cosas con más misti-cósmicas-cachilupis y jura que lo más importante es que su inconsciente sea apto... (Minuto de silencio para que decante la burrada).
 
Y dirá: ¡regocijaos, Fulano tiene las competencias para el cargo! Por lo tanto, lo hará bien, tienes mi venia y ve con Dios hijo mío, recuerda pagar mis honorarios al final.
 
¿De verdad a nadie se le hace extraño pensar que las personas son como las fichas de ajedrez, que no importa dónde las pongas siempre se van a mover igual? ¡¿De verdad?!
 
 
 
2. ¿Qué busca el psicólogo en una entrevista?
 
Busca poder redactar un informe. Y para eso necesita saber si eres tan inteligente y astuto como él, tan trabajador y organizado como él y tan bien portadito y simpático como él. Si cumples con todo eso, estás al otro lado; sino suerte con la cesantía.

Entonces te va a hacer muchas preguntas medio forzadas, medio raras sobre ejemplos de situaciones muy puntuales y rebuscadas, que uno nica tiene en la punta de la lengua y que debes responder rápido, con naturalidad y sin tupirte para nada. Y te va a preguntar sobre tus papás y qué dirían de ti, qué te critican y qué te molesta de ellos. Y tú tienes que responder como si fuese súper natural hablar intimidades con extraños.
 
También buscará tus debilidades, porque tú nunca nuca nunca vas a ser capaz de hacer tan bien tu pega. Este es un principio inviolable e inherente a la existencia de todo, ya sea pensando en el Gerente General de Microsoft, como en el Supervisor de Tornillos de la ferretería del Lucho.
 
Y con las debilidades hay que tener cuidado y ser astuto. Porque no hay nada que le guste más a un psicólogo-normópata que pillarle los peros a la gente. Si tú, inocente criatura del Señor, a la nunca bien intencionada pregunta ¿qué crees que podrías mejorar? respondes: "a veces me desespera un poco que Periquita, mi desordenada, bipolar, ninfómana y floja compañerita de oficina, me obligue a hacer su pega para dedicarse a subir fotos a Facebook", el psicólogo en cuestión jamás de los jamases recordará los instintos homicidas que tiene hacia su propia compañerita insoportable de oficina -siempre hay una- y en cambio pensará complacido: "¡te pillé gusano poco tolerante, incapaz de adaptarte a las diferencias, rígido cuadrado, cerrado al diálogo, -y el peor de los pecados-mejor-suicídate-ahora-maldito-bellaco- no sabes trabajar en equipo!".

No te pongas nervioso, el raro es él. Recuerda, siempre el raro será él, porque está tan engrupido que no se le ha pasado por la cabeza que todo esto es muy incómodo, porque -obvio- él ya tiene pega y hace tiempo que no se ha visto sometido a esta tortura.
 
Esto nos lleva a la siguiente pregunta:
 
 
 
3. ¿Me tengo que relajar y confiar en la buena onda?
 
Digámoslo así: es más seguro -e inteligente- tomar agua del Mapocho, ponerse de guata al sol en la pista de aterrizaje del aeropuerto de Londres o vociferar en plena Plaza de Armas de La Paz que Bolivia nunca tendrá mar chileno, que confiar en la buena onda del psicólogo y relajarse en una de estas entrevista.
 
Porque el psicólogo podrá ser buena onda, pero nunca, NUNCA, NUNCA se va a aliar contigo. De hecho, siempre será todo tu culpa.
 
¿La guerra de Irak? Tu culpa, debes aprender a resolver conflictos.
 
¿La pobreza en el mundo? Tu culpa, ¡como tan poco proactivo, por Dios!
 
¿El calentamiento global? Tu culpa, debiste advertirles a todos y ser capaz de convencerlos.
 
¿Tu jefe es un imbécil? Tu culpa, algo harás que no quieres reconocer y que lo hace enojar. Y ganaste puntos extras porque el jefe-papá-bueno nunca es un imbécil, siempre tiene la razón, porque todos sabemos que si es jefe es porque obvio que hace su pega mucho mejor que tú y que está dotado de toda la autoridad moral del planeta para hacer lo que hace y es seco y tú tienes serios-conflictos-con-la-autoridad-deberías-estar-preso-maldito-terrorista.
 
Entonces, ¿qué hemos aprendido? Nunca hay que pisar el palito. La sonrisa, el tono de niña/o-bien-suave-enamórate-de-mí y la forzada espontaneidad es cortesía-normópata, que tiene el objetivo de que estés mansito y dispuesto, y que por propia voluntad les muestres dónde tienes la yugular para clavarte los colmillos sin que te des cuenta.
 
 
Te van a hacer creer esto, pero no olvides que...
 
 
... los osos son bestias salvajes y tú eres Piglet
 
 
 
 
 
4. ¿Quién es apto?
Superman... y obvio, el psicólogo. Batman no, está perturbado y más loco que las cabras porque ¿quién en su sano juicio se creería un bicho tan asqueroso como un murciélago?
 
 
 
Imagen para nada idealizada de lo que un psicólogo se imagina que es el trabajador promedio
 
Para el psicólogo todo lo que tú hagas será insuficiente. TODO.
 
Si cumples tus metas: penca, deberías aplicarte y sobrepasarlas.
 
Si la pega te interesa porque es la única que hay para Tecnólogo en Tecnología de Asuntos Tecnológicos y Técnicos en Particularidades de Microtemas -felicitaciones por no estudiar nada más específico- y de verdad necesitas trabajar para alimentar a tu pobre familia y pagar los remedios de tu madre senil: fuera, tu motivación es insuficiente porque es instrumental.
 
Si sueles irte a la hora: sonaste, afuera hay quinientos masoquistas-desorganizados que les gusta quedarse hasta las mil y tantas para presumir después con el jefe.
 
Porque al psicólogo le podrás encantar, te podrá amar con pasión, locura y desenfreno, podrá psicopatearte después por Facebook y guardar tu foto en su billetera, podrá fantasear con presentarte a su hermana para seguir emparentado contigo, pero siempre te va a encontrar una pifia-para-nada-inventada que va a hacer que tu perfecto informe vaya con Observaciones.
 
¿La razón? Como no existe la bola de cristal, el psicólogo necesita tomar un resguardo, de modo que ante cualquier imprudencia que tú -cerdo desconsiderado- cometas en tu trabajo, se le pueda responder al cliente "nosotros le avisamos ¿ve? Aquí dice clarito que tiene dificultades para adaptarse porque cuando me acerqué a saludarlo con mi aliento pútrido puso cara rara".
 
 
 
 
5. ¿Para qué te muestran colores y manchitas?
 
Porque necesitan acreditar que su opinión es algo más científico que sólo una opinión. Y porque en verdad nunca se han creído que esa simple opinión pueda ser valiosa por sí misma. Además que hay algo simpático en esto de parecer doctores de la mente, que usan instrumentos súper cachilupis.
 
Ahora, si sirven de algo eso ya es otra pregunta... sólo digamos que no es conveniente decir todo lo que se te viene a la cabeza. Si el psicólogo en cuestión tiene algún gramo de sensatez (algunos la tienen), entonces estás salvado, pero si es lo de los que creen que todo lo que digas simboliza penes-acuáticos-voladores, mejor ten cuidado.  
 
 
Ni se te ocurra dártelas de listo
 
 
 
 
6. ¿Por qué no puedo saber mis resultados ni leer mi informe?
 
Porque se trata de información sobre ti que tú no puedes saber. ¿Por qué? Porque es confidencial. ¿Pero si yo soy el mayor interesado? Sí, bueno, pero la justicia no existe y tú eres una ínfima bacteria del tracto digestivo de un gusano come basura.
 
El psicólogo tiene que formarse en apenas una hora una opinión sobre ti, un completo desconocido al que nunca en su vida ha visto ni volverá a ver, y predecir si serás eficiente y feliz en un cargo que no conoce (por mucho que tenga el llamado perfil y haya leído las funciones) y en una empresa que no conoce (porque todos sabemos que la empresa no es lo que dice la descripción o la página web, sino que las particularidades del día a día y toda esa cosa implícita que cuesta tanto ir entendiendo cuando hay más de dos seres humanos juntos). Todo eso tiene que dejarlo detallado por escrito y, por si fuera poco, firmarlo con su nombre para que quede constancia de la exactitud de sus dichos. ¡Santa madre de Dios, psicólogo, ¿por qué andas por ahí prometiendo imposibles?! Entonces, tiene que ponerse agudo y tratar de ver bajo el agua con su súper visión de rayos X, y aventurar hipótesis.
 
Pregunto entonces, ¿con qué libertad podrá el psicólogo redactar sus observaciones-juicios-no-estoy-para-nada-aventurando-cosas-que-no-sé si sabe que más encima el evaluado en cuestión podría llegar a leerlo y ejercer su nunca bien ponderado derecho a réplica? ¿Cómo podrá trabajar tranquilo el psicólogo si debe aplicar prudencia y considerar que alguien podría acusarlo de difamación?
 
Por todo eso, estimado lector, tú no puedes saber tus resultados.

 
 
7. ¿Cómo puedo dar una buena entrevista entonces?
 
Confía en que por sus frutos los conoceréis. Si tienes buena trayectoria y estás preparado para el cargo, no eres un pelafustán pedante y no tratas de mostrar algo que en verdad no eres, te debiera ir bien. Además, también está lleno de psicólogos que sí son buena onda y tienen corazoncito, y que comprenden más o menos que la entrevista es en una situación rara y que no es tu culpa.
 
Y si nada de esto funciona, acá van algunos tips para que te vayas preparando y no parezcas un monicaco-titubeante-siempre-se-me-ocurren-las-respuestas-buenas-cuando-estoy-solito-en-mi-casa-al-día-siguiente:

a. Averigua sobre la empresa y el cargo al que postulas y piensa bien por qué quieres trabajar ahí.
b. Piensa en cuáles han sido tus logros más importantes y cómo lo hiciste.
c. Piensa qué ha sido lo que más te ha costado y cómo lo sacaste adelante.
d. Búscate buenas referencias porque si alguno de tus ex jefes no dice que eres la mejor persona que han conocido en sus vidas y que aún lloran tu pérdida porque nadie era tan maravilloso como tú, entonces estás frito.


Y entonces, después de cumplir honorable servicio a la comunidad (y ganarme el odio de todos los psicólogos) procedo a hablar de Mary Rose con la conciencia en paz. Bendito sea.


 

13 mar 2014

Bestiario de psicólogos (O sobre la fauna del terror)

Cuenta la historia -sí, la historia, porque ya se me está empezando a notar la ancianidad y puedo recordar mi vida en base a décadas (sin contar siquiera, porque me da dolor y espanto, que voy por el tercer pote de crema antiarrugas para el contorno de ojos, caray!)- ... eh, entonces, cuenta la historia que hace muchos años atrás yo, pequeña criatura ingenua, que creía en hadas, dragones y en la bondad y la inocencia de las personas, pensaba que los psicólogos eran iluminados poseedores de algún tipo de verdad-revelada-shuper-profunda-y-sabia que por pura amabilidad y amor al prójimo transmitían al resto de los humildes y desafortunados mortales. Pensaba que los psicólogos eran algo así como Gandalf modernos, pero sin bastón ni gorro gracioso, que andaban por ahí en onda mística y que, casi casi, podían hacer magia. Linda yo.
 
Entonces me cambié de la siempre bien pagada Ingeniería -me odio- y llegué a las verdes, aunque ratonas, praderas de la Psicología. Mi abuela, ante el horror de que su nieta adorada se empezara a rodear de tanto hippismo (algo sabe la señora), quiso intervenir como toda vieja pilla trata de intervenir -sobornando con galletitas y amors-, pero yo era insobornable y ya había tomado mi decisión de profundizar en los misterios de la vida... (un minuto de silencio para recordar tanta imbecilidad inocencia). Y llegué el primer día con ojos lacrimosos y pinta de me-estoy-sorprendiendo-con-todo-lo-que-veo-acá, mientras pensaba por fin voy a aprender cosas importantes y no las bobadas que aprendía en Cálculo I. Algo así era yo:





Hermosa y estúpida


Pero con lo que me topé fue con -redoble de tambores- psicólogos. De lejos pueden parecer seres interesantes/normales/humanos, pero no hay que dejarse engañar por las apariencias y la cara de bondad. De hecho, no hay que confundirse. He aquí una-para-nada-inventada-definición de la RAE:

Psicólogo: Dícese del animal normópata, campeón lanza consejos en habla difícil para disimular que en verdad no sabe de qué habla, rey del "depende" para evitar mojarse su lindo trasero y desconocedor absoluto del "no sé"/"no lo conozco"/"no lo he leído". Un as para disimular la vanidad amparándose en retruecanos teóricos incomprensibles. Un mago para burlar señoritas y mancebos despistados. Un dios para plantear pomposas preguntas ficticias. En síntesis, todo un encanto.

Tras 5 años en la Escuela de Psicología y otros tantos años más rodeada de ellos, he llegado a la conclusión de que los psicólogos se encuentran - junto a los días lunes, las cláusulas malvadas e incomprensibles de las tarjetas de crédito y la fiebre porcina - dentro del top ten de las plagas infames que nadie se da cuenta que existen pero que ahí están (salvo excepciones, pero que al ser un n tan chico casi no cuentan para la generalización). Hay de varios tipos, algunos inofensivo que son medio lateros de mencionar, y otros infames y malvados. Acá va el recuento para que después no digan que no les avisaron:


Normópatas

Descripción: Todo psicólogo (... no, momento, no lo dije bien) TODO psicólogo (... no, no da)... TODO

psicólogo tiene en su corazón un pequeño, aunque usualmente gran, normópata. Es como un Pepe Grillo, una consciencia segunda, un mini-me malvado y pontificador que toda persona que ingrese a Psicología va a adquirir al pagar sus mensualidades. No hay escapatoria y se pega como los hongos en los baños públicos. Porque después de ser aleccionados con escandalosos términos como fase oral, anal, fálica y genital (¿de veras? ¡¿Qué recontra diablos es eso?!), el manual de psiquiatría completito (que no te deja tener pena o rabia o lata o sueño o hambre o aburrición en paz sin que seas candidato para ser un embutido de antidepresivos, electroshock y/o camisa de fuerza), el control de impulsos (¿qué es eso de impulsos? ¡Como si la gente fuera un cúmulo de alambres pelados que hay que controlar!), el juicio y sentido de realidad (porque obvio que todos estamos súper de acuerdo en cómo son las cosas o en cómo deben ser, somos súper felices y bailamos la ronda de los amigos con amor), el yo fuerte e integrado (respira Anna...) y, el mejor de todos, la adaptación (eficaz mecanismo de control social en que todos están de acuerdo en que si estás en contra mejor te callas); después de ser aleccionado con todas esas genialidades, el resultado obvio es que el encantador proyecto de psicólogo jure y rejure por su madre y por la pelusa de su ombliguito que existe algo así como un ser "normal". Y más importante aún, que ese pelafustán normal es igualito a él.

El normópata cree que las personas son medibles y evaluables según su comportamiento adecuado o inadecuado (insoportable palabra que tiene tufín a Inquisición), que hay un determinado rango entre lo que es aceptable y lo que no, que hay que expresar la opinión sin ser muy directo, pero tampoco muy confuso, con palabras suaves, pero no tanto, que expresen lo que se siente con cuidado si eso no tiene nada que ver con lo que todos creemos sabemos que es lo cierto-sagrado-y-dicho-por-Dios-o-tío-Freud. Cree a pies juntillas que las maravillas de la lactancia están directamente relacionadas en qué tan feliz seas y determinará irrebocablemente cuanto cuco te dé el mundo después, y ay de ti que tus padres te caigan mal (aunque te den motivos de sobra ya que, digámoslo, también existen las madres nefastas y los padres gallina) porque serás un inestable emocional y te comerán los gusanos y no tendrás amigos y todo el mundo te odiará y te irás al infierno.

El normópata siempre tiene un diagnóstico para lo que cree que son tus excentricidades o flaquezas de tu estructura de personalidad-sellada-de-fábrica-si-quieres-cambiar-sonaste-porque-cómo-no-cachaste-que-es-de-fábrica-pobre-de-ti-que-te-hicieron-con-poco-amor. Por ejemplo, si encuentras que eres genial, nones, tienes baja autocrítica; pero si encuentras que en verdad no eres la última chupada del mate entonces tienes baja autoestima (no hay cómo ganar). Si sospechas que los demás son una tropa de idiotas, entonces eres un narcisista maligno (nombre curiosamente similar a personaje de He-Man o de los Power Rangers), y si estás seguro entonces eres psicótico. Si te gusta calentar la sopa tu nombre es histérica y si lo tuyo es armar escándalos, ay de ti criatura de Dios, poco importa si son justificados, serás llamada de estructura limítrofe.

El normópata es una persona "normal", usualmente mujer y usualmente malvada aunque no lo sabe porque se hace la buena. Suelen ser bastante rígidas y no dudan en decirte cómo debe ser tu vida y, con ojo de lince, detectar todo eso que no calza en la shoshiedad. Lo más probable es que sea una mujer encantadora más moralista que tu abuela.



Ned Flanders es un malvado normópata, por eso Homero -que es un genio incomprendido- lo odia.

Frase típica: "Eso no es normal" / "Igual es inadecuado".

Hábitat: Empresas de selección de personal, colegios y consultas para niños.

Arma: Tomar el psicoanálisis, darlo vuelta y convertirlo en un código moral.

Recomendación: No hay cura, pero podría ser efectivo descolocarlos con un flato.


 
Hippies humanishtash

Descripción: Es la caricatura del psicólogo que, no obstante, existe. Cuando son jóvenes son simpáticos niños lana, con ropa sucia y que parece que levitan. Hablan de cosas raras, duermen en cuevas y son los únicos que pueden ver u oír cosas sin ser considerados loquitos por los normópatas. Si son viejos tienen un aura medio patética-busca-un-trabajo-y-deja-de-fumar-pitos, aunque hay algunos que logran ser más estilosos. Los demás los suelen considerar místicos o profundos, pero los ingenieros y abogados los encuentran charlatanes. Creen en el amor y la conexión y las vibras y los chacras y que si tomas fluidos de flores serás feliz y todos los problemas que te tienen angustiado desaparecerán por arte de magia. Para ellos el mundo es místico y ultra cachilupi, tiene muchas dimensiones hermosas y desconocidas. Hablan de lo traspersonal y lo parapersonal y lo mistipersonal y lo súperdúperpersonal. Se creen sabios, liberados o John Lennon y si bien no se meten con nadie desprecian secretamente a las personas no-conectadas-con-su-yo-interno-con-forma-de-mariposa.

Serían hippies simpáticos si no fuera porque con todo su volón-esta-conexión-tiene-pinta-de-ser-LSD apunta a sentir cosas místicas sin cambiar ni un pelo de las circunstancias que te tienen convertido en un gusano miserable.

Juro por Freud que esta imagen aparece en Google al poner "hippy sabio"



Frase típica: "Conéctate con tu interior" / "Hermano sol, hermana montaña"

Hábitat: Suelen pulular entre las plantas, el Cajón del Maipo y todo lugar que sea muy natural.

Arma: Su profundidá.

Recomendación: Suelen ser inofensivos, salvo si andan en sectas o si eres un ex adicto a las drogas en rehabilitación. En ese caso, mejor cambia de terapeuta. Si no... quizás también cambia de terapeuta.



Engrupidos

Descripción: insoportables y patéticos gusanillos militantes que serían capaz de asesinar a sus madres por defender la verdad que Dios-pero-que-no-es-Dios-porque-obvio-que-es-más-chic-ser-ateo amablemente les ha revelado. Suelen ser pomposos, arrogantes y se creen súper interesantes mientras hablan en lenguas y se regocijan de que nadie entienda que diantres dicen. Ni ellos mismos, esa es la gracia. No usan palabras, usan conceptos. Odian a los normópatas, pero sin darse cuenta que son igual de fundamentalistas religiosos. Desconocen el sentido común y se sienten perdidos y descorazonados cuando suceden cosas terroríficas como que se queme una ampolleta o se acabe el gas. A algunos les gusta hacer juegos de palabras ingeniosos y se solazan con su propia inteligencia. Otros hablan de la sociedad y la posmodernidad y las maldades del consumo-muere-Paulmann-eres-muy-malo... y también se solazan con su propia inteligencia.

Se creen parte de la elite intelectual francesa y en alguna parte de su corazoncito (porque sí, a diferencia del normópata, el engrupido tiene corazoncito) le gustaría tener los recursos para dejar este país plagado de bestias brutas, hediondas y amantes del fútbol (un engrupido NO puede ni debe entender sobre asuntos tan trogloditas), y hablar en lenguas en algún café parisino, tirar pinta y, ojalá, tener la valentía de usar boina. No pierde ocasión para demostrar que habla francés y si es profesor da a leer a sus alumnos textos no traducidos, que nica se entiende, para hacerse el lindo.

Creen que los demás son estúpidos y malos, y que ellos son una vanguardia lúcida e incomprendida que comprende los misterios de la humanidad, la existencia y la pelusa del ombliguito. Les puede explotar la cabeza si alguien les lleva la contra y son unos verdaderos maestros a la hora de seducir señoritas medio inadaptadas con su blablá sofisticado y cosas raras. Si son psicoanalistas hablan todo el día de la caca, el pene, la vagina y el falo, salvo que su abuelita esté presente porque ahí sí se dan cuenta que, en realidad, han estado hablando puras cochinadas.

Alguna vez fue el más ñoño del curso y creyó que al meter la nariz en los libros estaría a salvo. Cuando se encontró con otros más ñoños como él pensó que podría disimular y ser cool. Pero todos saben que es un ser patético y triste que piensa que es estiloso tratar de "usted" a todo el mundo, incluidos adolescentes pelafustanes y palurdos. Secretamente le gustaría ser tan guapo como el mariscal de campo gringo, para así tirarse a la jefa rubia de las porristas y no a la horrenda intelectual-me-importa-un-comino-tener-bigotes-y-celutitis que duerme a su lado.


Imposible distinguir si es hombre o mujer, porque el engrupido pregona a todo pulmón que esas son distinciones arbitrarias.

Frase típica: "La metáfora de los bordes y el sentido del sin sentido del significante... (bla-bla-blá)"

Arma: Confundir sin decir nada.

Hábitat: Universidades e institutos.

Recomendación: Vomitarles encima.



Pilar Sordo

Descripción: Es tan normópata y malvada que merece descripción aparte. Altamente peligrosa; los monstruos mitológicos le tiene miedo. Algunos dicen que tiene tres cabezas y que escupe fuego y abejas asesinas, pero todavía no está confirmado. Lo que sí se sabe es que se muestra como la psicóloga-mamá-yo-entiendo-lo-que-te-pasa-porque-yo-soy-esa-psicóloga-chora-chora-que-sabe-de-la-vida-y-desembucha-no-más-que-las-penas-hay-que-sacarlas-para-afuera. Cree que se las sabe todas y escribe libros de velador para leer en la playa y sentir un poco de ese calorcito ahí dentro, porque habla del amor y la empatía y la aceptación y todas esas cositas-lindas-que-la-mamá-no-dijo-cuando-era-chica-quiero-llorar-Pili! Se cree rock star y va por ahí dando recomendaciones sin tino y autorizada por un sentido común-conservador-religioso-exacerbado altamente bestia, porque cree que las cosas hay que decirlas y bien de frente sin preguntarse siquiera si no estará diciendo burradas, ni menos -cómo se te ocurre- caer en la falta de respeto. Es capaz de pasar como una aplanadora por encima del resto sin darse cuenta y exigiendo que le den las gracias. El mundo nunca será igual después de sus consejos (tampoco fue igual después de Hiroshima ni de la peste negra).

Acá un botón de muestra... hermoso. Ah! Sólo para valientes y no me hago responsable si les sangran los oídos y mueren.



Notable el "ella está muerta de la risa arriba". Mis respetos a Genoveva. En fin... Acá va otro para terminar de torturarlos.

Dicen que si uno repite tres veces su nombre frente al espejo, se aparece y te mata con una motosierra.

Arma: Hacerse la mamá-simpática-y-chistosa-soy-una-mujer-moderna-y-digo-chistes-porque-soy-bacán-y-para-nada-chabacana para después clavarte los colmillos hasta que te desangres y mueras como los corderos.

Recomendación: Si hay tiempo, huir despavorido; si no, defenderse con un fusil.



Quedan en el tintero varios otros: los chantas, los emoticones cariñosos, las arpías, pero tal vez será para otra ocasión.