¡Momento, momento!
Esta historia empieza un poco antes. Un año antes, cuando fuimos de vacaciones a Perú. Y si bien hubo inconvenientes más o menos importantes (terminé detenida y no pude conocer Machu-Picchu, todo cortesía de la tropa de ineptos-ineficientes-y-malvados-nos-gusta-hacer-llorar-a-los-turistas de Perurail (algo así como el EFE privado-arcaico-qué-onda-que-no-conocen-internet-malditos-Picapiedras, ya contaré ese cuento)), pese a todas las penurias (también pasamos cuquito porque bajando por un cerro en una micro de los años 70 chocamos con un peñasco en la mitad de la carretera y por poco nos caímos a un barranco asesino), fueron unas vacaciones estupendas y juro y rejuro que amé Perú y quiero volver. De hecho, quedamos enamorados y volvimos a Chile pensando que Chilito es un país de la contumelia y triste, en que estamos todos estresados, explotados, alienados y podridos, corriendo de allá para acá para que algún zopenco tenga más lucas en sus bolsillos, con la esperanza de que nos caiga alguna miguita que nos haga felices por un ratito. Y estábamos convencidos que tanto desarrollo no podía hacernos felices, que los malls eran la encarnación del demonio-maldito-Paulmann-sabes-en-qué-lugar-corporal-quedaría-fantástico-tu-mega-edificio y distintas lanerías del tipo que la opresión y comunisterías varias.
Entonces pensamos, si Perú nos gustó tanto, si su riqueza cultural nos maravilló y conmovió hasta el tuétano y la pelusita del ombligo, entonces obvio que Bolivia nos va a gustar más aún y no vamos a querer salir de ese país bendito y gritaremos con emoción llévense-todo-el-mar-y-los-ríos-y-hasta-el-jugo-que-tengo-en-el-refrigerador. El argumento nos parecía infalible y si bien no fueron pocos quienes intentaron detenernos con sus caras-de-es-broma-nadie-puede-ser-tan-engrupido, compramos nuestros pasajes y nos preparamos imbéciles felices para las mejores vacaciones de nuestras vidas (me odio). Y como lo TOC se me escapa a veces y soy estructurada-latera, hice un cronograma para tener una idea de qué vamos a hacer, pero sabiendo que las cosas podían ser un poquito más desorganizadas allá, así que incluyendo harta flexibilidad.
Ok, díganlo, díganlo:
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| Estoy convencida que ante la estupidez infinita el bullying no sólo está permitido, sino que es obligatorio |
El viaje partió así: para ir a cualquier lugar del mundo, desde los sofisticados países nórdicos, hasta el Congo o cualquier otro país que siempre está en el último lugar de los rankings de lo que sea, uno toma un avión que sale del aeropuerto internacional, porque todo el mundo sabe que si uno cruza la frontera está en otro país y, por-lo-tanto-es-de-perogrullo-no-puedo-creer-que-haya-que-explicarlo, es algo internacional. Obvio. Y como es tan obvio, para Bolivia no aplica. Porque el vuelo Santiago - La Paz, señores, sale del terminal nacional, lo que significa nada de Duty Free para mí. Eso es una tragedia, porque si yo pago sobre 100 lucas en un pasaje de avión, espero que el mundo me lo reembolse con la oferta de chucherías sin impuestos... Esto debió despertar alarmas, pero no, porque en esa época me las daba de hippie-anti-sistema-soy-la-reina-de-la-paz-eliminemos-las-fronteras-y-cultivemos-flores.
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| Algo por el estilo |
Aterrizamos en La Paz y la falta de aire de verdad que se nota. Entonces uno se pone un poquito estúpido, un poquito grogui, un poquito me-voy-a-desmayar-quién-fue-el-chistoso-que-planificó-una-ciudad-a-4-mil-metros-sobre-el-nivel-del-mar.
Para no latear con los pormenores y cada detallito que despertaba mi ira profunda, además del terror justificado que nos inspiraba el tener que decir en voz alta que somos chilenos, sinónimo evidente de Voldemort, voy a hacer un súper ultra resumen condensado. Porque en cierto sentido, estas vacaciones fueron como una partido de fútbol entre algo así como la selección de Brasil o Alemania y el equipo de baby del geriátrico El Abuelito Lindo, donde yo salí trasquilada sin ninguna misericordia.
Las carreteras: Bolivia: 1 - Anna: 0
Resulta que la sierra es una zona bastante alta en plena Cordillera de Los Andes, llena de barrancos bestiales y con carreteras que son una especie de broma macabra. Sumado a eso, los autos, buses y cualquier cosa con motor son de la época de los dinosaurios y sospechosamente carentes de cosas tan absurdas como revisión técnica, bujías y frenos. Y por si fuera poco, el boliviano no se caracteriza por su cautela y espíritu ACHS, pero sí por su estilo práctico aunque nada cívico, razón por la que siempre-siempre-siempre-siempre tomará las curvas por el lado corto. Si eso implica cambiarse de pista; da igual. Si eso implica cambiarse de pista dando vuelta a un cerro y sin ninguna visibilidad: pero si paso rapidito. Si eso implica cambiarse de pista dando vuelta a un cerro y sin ninguna visibilidad con una lluvia torrencial; ¿qué diablos tiene que ver el clima en todo esto? Por eso en Bolivia la principal causa de accidente de transito es el choque de frente. Notable.
Pero yo no sabía tanto detalle y con la candidez e ingenuidad de quien espera que si las cosas existen es para que se respeten, me subí a un busecillo destartalado rumbo a la muerte el lago Titicaca. Juro que pensé que iba a morir y ya me imaginaba la crónica que harían sobre nosotros en los diarios chilenos. Porque mientras esta bestia con permiso de manejar encontraba simpáticas sus acrobacias automovilísticas, yo me acordaba de mi pasado religioso conservador y desempolvaba por si las moscas los padrenuestros y demases. Y juro que vi el túnel y a angelitos querubines a poto pelado. Y comencé a planear mi venganza post-mortem, imaginando cómo vendría a atormentarlos a todos convertida en fantasma. Y me puse blanca y verde y de todos colores. Y me puse a llorar a gritos, con tanta indignidad y moquito que todavía me acuerdo con leve vergüenza.
Y esa no fue la última vez. Nop.
Porque si bien todos los viajes son una salto al vacío en que uno implora que si la mugre de bus choca, por favor que sea mientras duermo, acá las cosas fueron distintas. Queríamos viajar de Sucre (linda ciudad, debo reconocerlo) a Santa Cruz (imitación de Franklin... sin desmerecer Franklin) para ya finalizar la tortura el viaje. Como nota anecdótica, cuando googleé cómo llegar de Sucre a Santa Cruz, lo primero que apareció fue la noticia de un terrible accidente de un bus desbarrancado debido a las espantosas-e-indignantes-para-todos-menos-para-adivinen-Bolivia-condiciones-del-camino. Como personas bien portadas compramos nuestro pasaje con anticipación y después de una lluvia espantosa y torrencial hay-un-tipo-por-ahí-reuniendo-animales-en-parejas-y-construyendo-un-arca, en que la autoridad no sé qué advertía que las rutas estaban peligrosísimas y pedía cuidado a los conductores, en ese contexto vimos nuestro bus. No sé cómo explicar con objetividad lo que vi. Creo que basta con decir que pensé "tengo absoluta certeza que si me siento ahí moriré esta noche". Haciendo una analogía y para que usted, estimado lector, se haga una idea de lo que sentí en ese momento, sería más o menos como ver esto:
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| Juro que en comparación esto está impecable... y ni hablo del olor porque sería grosero |
Entonces ante mi desesperación y parálisis nerviosa, en que sólo lograba vociferar sin ningún pudor ni elegancia improperios poco diplomáticos y dignos de la expulsión inmediata del país (lo hubiese agradecido), mi adorable compañero preguntó con la seriedad y temple que lo caracteriza -todo lo que es el complemento- por las condiciones de seguridad del viaje. El encargado, un imberbe de 15 años recién entrado a los estragos de la adolescencia, lo miró con la misma extrañeza como si le hubiese preguntado sobre física cuántica en chino mandarín avanzado. Al insistir respondió que lo más probable es que haya que bajarse a empujar el bus en algún momento de la noche, con harto cuidado eso sí porque el camino no estaba iluminado. Al preguntarle con más detalle si hay muchos accidentes respondió, cito textual, "bueno, eso ya dependerá del destino".
¡¿QUEEEEEEEE?!
Huelga decir que ante la respuesta hubo más llanto, más moco y más tiritones nerviosos, más imágenes sobre mi funeral y las nubes del cielo (después de esto, me importa un comino que nada de eso exista: yo me gané el cielo y punto).
El sistema de transito: Bolivia: 2 - Anna: 0
Hace algunos días leí en La Tercera que Orrego, nuestro pernito y motivado nuevo Intendente Metropolitano, decía que tenemos una ciudad poco amable para los peatones y ciclistas, todo para hacerle nanai a las personas que van en auto. Lindo él. En La Paz los semáforos, pasos de cebra y discos pares son parte del decorado solamente. Los cedas el paso son tan estúpidos e incomprensibles que prácticamente no se dan la molestia de ponerlos. Por esta razón, los peatones son como una tropa de gallinas que corren despavoridas por su vida y que a nadie le importa tirarles el auto, camioneta, camión o buldócer encima.
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| No encontré una gallina con gorrito, pero esa es la idea |
No miento si digo que ante tanto caos llegué a preguntarme si en Chile no tendremos sobrevaloradas cosas tan burguesas como la seguridad y la vida humana. Eso sí, al llegar a Iquique lloré de emoción y patriotismo cuando puse mis piececitos en la calle y todos los autos pararon.
Las gracias de Evo: Bolivia: 3 - Anna: 0
Una de las cosas simpáticas de Bolivia es que la palabra vale huevo y la planificación es algo tan ridículo-impensable-espantoso como puede ser la educación gratuita para la UDI. El sí es no sé y el no es azul. Las reglas del juego pueden cambiar en cualquier momento, así como los precios, los horarios y el sistema métrico. Las horas a veces duran 20 minutos y otras 70, y en realidad es cosa de extraterrestres esto de andar preocupado por la precisión.
Por eso, cuando uno de esos días Evo Morales anunció, para regocijo de sus compatriotas, que iban a expropiar el aeropuerto, a nadie pareció extrañarle y si bien me preocupé un pelín por la seguridad no me importó tanto, porque a esas alturas ya había decidido que nunca-por-ningún-motivo-y-bajo-ninguna-circunstancia-prefiero-la-lepra-antes-de-retractarme volvería a pisar Bolivia. Sin embargo, cuando el terremoto vino con réplica y se anunciaba que desde ese mismo día se le prohibía a Lan Chile operar en Bolivia, se me revolvieron las tripas, se me heló la sangre, tirité con terciana y les dejé un mar de transpiración nerviosa.
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| Recreación-para-nada-alterada de mi cara de muerte |
Y como pensé -todavía no aprendía- que Evo hablaba en serio y que la medida sería efectiva inmediatamente, porque resulta que soy tan zopenca que pienso que si un Presidente de la República toma una medida y la anuncia al país con seriedad y parsimonia, entonces la medida obviamente tiene efecto, entré en pánico y me imaginé cruzando la frontera con las piernitas que Dios me dio al mero estilo Diego-de-Almagro-y-su-súper-paradisiaca-expedición-descubre-Chile-esto-es-justo-lo-que-soñé-durante-todo-el-año-para-mis-vacaciones-mientras-trabajaba-como-burro.
O peor, que me quedaría ahí para toda la vida y moriría en La Paz y nunca más volvería a la tierra de la ley y el orden (porque a esas alturas para mí Chile era sinónimo de Suiza y quería abrazar un semáforo, tirarme de guata en un paso de cebra y darle un beso de agradecimiento a un carabinero). O peor aún, que me tendría que volver en avión boliviano y morir de angustia (recordar el horror de los buses).
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| Gracias Evo por producirme la peor de las diarreas de la historia de las tripas |
Finalmente no pasó nada, porque por allá se habla mucho, pero nunca pasa nada. Los aviones de Lan siguieron con todos sus vuelos programados e igual de sobrevendidos que siempre (te odio Lan, pero eso es otra historia).
Y logramos llegar a Iquique, donde pude respirar con calma nuevamente. Mi felicidad fue completa y absoluta y me importó un comino que las Isapres nos desplumen, que las AFPs, que la educación, que la salud, que el Transantiago. Y amé a todos y cada uno de nuestros políticos, desde el insoportable Larraín hasta al cara-dura-cómo-siguen-votando-por-él de Girardi. Y me saqué el sombrero ante nuestros empresarios multimillonarios. Y me sentí en el jardín del Edén y quise cantar el himno nacional a todo pulmón.
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| Hice lo mismo al volver a Chile. No es broma |
Las lecciones fueron evidentes:
1. Bolivia es un país con fecha de vencimiento; si no vas a los 20 y buscas pasar en estado de ebriedad todas tus vacaciones, entonces evítalo.
2. Si dispones sólo de 3 semanas al año de vacaciones, no seas tan bestia de ir a Irak, el Congo o Bolivia.
3. Habiendo tantos países en el mundo, estando Perú, Argentina, Brasil, Ecuador, y Colombia a la vuelta de la esquina ¿por qué, Dios mío, por qué por tus neuronas maltratadas pasan impulsos que hacen que pienses que Bolivia es una alternativa? ¡Qué pasa contigo!
1. Bolivia es un país con fecha de vencimiento; si no vas a los 20 y buscas pasar en estado de ebriedad todas tus vacaciones, entonces evítalo.
2. Si dispones sólo de 3 semanas al año de vacaciones, no seas tan bestia de ir a Irak, el Congo o Bolivia.
3. Habiendo tantos países en el mundo, estando Perú, Argentina, Brasil, Ecuador, y Colombia a la vuelta de la esquina ¿por qué, Dios mío, por qué por tus neuronas maltratadas pasan impulsos que hacen que pienses que Bolivia es una alternativa? ¡Qué pasa contigo!







Jajajajaja. Buenísimo... tengo historia parecida, creí que solamente pasaba en el estado de Potosí, así que todavía tenía (hasta que leí tu post) ganas de ir a Oruro, a La Paz y a Santa Cruz, pero me acaba de dar miedito.
ResponderEliminarResulta que viajé desde San Pedro de Atacama hasta Uyuni, en una 4x4 (de esas que acá ya estaría para vender como chatarra) con un chofer que casi se ponía enfrente de camiones que venían en sentido contrario y lo encontraba divertido, por caminos que no existían, y que cuando llegamos a la "Carretera Internacional" fue como me estay gueviando conchamimadre, era un "hoyo con caminos" y curvas mortales... nos quedamos en pana en plena montaña y a 150 km del pueblo más cercano mientras el chofer hacía un menjunje con los cables, eramos los únicos chilenos y tratábamos de consolar a unas gringas que lloraban de pánico.
Ni hablar de los baños y el agua potable, me imagino que son placeres y lujos que no se ven... Solamente en Uyuni, en un "hotel" tuvimos acceso a agua y ducha, sin agua caliente por supuesto...
El viaje (pese a TODO) fue lindo, porque los paisajes eran únicos... Pero creo que no lo hubiera soportado más de los 4 días que fueron, al volver... estando en la frontera, nos quisieron cagar y querían cobrarnos por devolvernos nuestras identificaciones (solamente porque éramos chilenos, a los demás se las devolvieron altiro) y a nosotros ya no nos quedaba un puto peso boliviano porque nos habían dicho de la agencia que ya no tendríamos que pagar nada más y el resto de la plata la teníamos en San Pedro!.... Mientras estábamos en el paso fronterizo y los bolivianos nos trataban a garabato limpio y no nos querían entregar nuestros CI, estaba Carabineros de Chile a 100 metros y con todo lo que los odio, en mi vida había sido tan feliz de verlos, conchamimadre casi me tiro abrazada a sus pies... Después de todo ello, lloré de emoción al estar sobre una carretera de verdad y volver a mi país, el que amé con locura...
Saludos Anna O, y con´tinúa con tu post... ya me tienes de seguidora!
Karina
Hola Karina!! Estoy convencida que Bolivia es el santo remedio para el antipatriotismo.
ResponderEliminarQue susto tu historia de la frontera, me muero ahí mismo. La verdad es que me sorprendió mucho la hostilidad que había hacia los chilenos. Me acuerdo que cuando fuimos a Perú y nos preguntaban de dónde somos, pedíamos perdón cuando decíamos que somos chilenos y ellos nos decían que no, que todos somos hermanos y todo eso. Pero en Bolivia no, era espantoso y daba cuco. Camino a Titicaca había una especie de monumento a las glorias navales o algo así, y tenía unos dibujos con unos soldados bolivianos enterrándole uno de esos fusiles con cuchillo en el cuello a unos soldados chilenos, saliendo sangre a lo Kill Bill. A mí me dio cuco y me puse un pañuelo en el cuello (por si acaso).
Muchas gracias por comentar y por darte una vuelta por acá!!